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30.8.09

II JORNADA DR. RAMÓN CARRILLO

Floreal Ferrara – cuando se le entregó la distinción como Ciudadano Ilustre en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires – 31 de octubre de 2007.



Sus palabras:
Compañeros, amigos, queridos enemigos, que siempre los hay. Creen que no hay un hombre de la CIA, o uno de los “servicios” acá, seguro que hay, estará disfrazado de otra cosa, pero seguro que está.
Me voy a referir, con toda la emoción que esto me ocasiona, a uno de los hombres más preclaros que tuvo ese movimiento, que John William Cooke llamó alguna vez “el hecho maldito del país burgués”. Yo pertenezco a ese maldito pueblo o a ese hecho maldito del pueblo burgués, no tengo nada que ver con el pueblo burgués, como tampoco tenía que ver Carrillo, y tengo la suerte de ser uno de los últimos argentinos que alguna vez, durante algunas horas, pudo hablar con él.
Ese era un día tan apacible como todos los días de La Plata, la cosa iba a suceder en la calle 1 y 49, allí vivía casi muriéndose Juan Manuel Pardal que había sido el primer director de Escuelas del peronismo en la época de Mercante. Juan Manuel era muy amigo de Ramón, quien era ministro, y Ramón venía manejando un chevrolet de eso inmensos, de esos que parecían un ferrocarril que avanzaba, manejándolo él mismo.
Esa tarde se produce un diálogo que para mí tiene una trascendencia enorme y por eso se los quiero contar como fue. En un momento determinado Carrillo me mira y me dice: “Yo tenía algunas discusiones con Eva, eran siempre discusiones duras porque teníamos posiciones distintas en determinadas cosas. ¿Sabe de qué discutíamos mucho?. De que yo -y ahí se enardecía- sostenía que el Estado es el responsable de la salud, y entonces el Estado debe dirigir los hospitales y todos los elementos que tienen que ver con la salud”. Hacía una pausa, me miraba fijo con los ojos profundos, mansos, pero profundos serios. “Y Eva decía, casi irrespetuosamente, que los hospitales son del Pueblo y los tiene que manejar el Pueblo”.
Me mira y me pregunta: “¿Usted qué piensa?”. Yo tenía un año de médico, era un pobre chiquilín, digamos así. Lo miro y le digo: “Eva tenía razón”. Entonces Carrillo dice: “No ve, son todos revolucionarios”. Se queda silencioso y dice: “Pero ustedes tienen razón”.
El mensaje es de él, no es mío, pero yo me apropio del mensaje porque efectivamente la cosa es así.
Tengo otro recuerdo, más chiquito, pero también punzante. Le pregunto en una tarde de otro día: “¿Cuál fue el disgusto más importante que tuvo hasta aquí?”. Era 1952. Y me dice: “Tengo muy pocos disgustos grandes, pero tengo uno que me duele mucho. Usted sabe que hemos comprado mucha tecnología, hemos hecho muchos gastos, compramos en los países grandes, sobre todo en Estados Unidos tecnología muy importante. Y ahí está mi fastidio, porque buena parte de lo que me vendieron era chatarra, pero no me tengo que enojar porque ese es el destino del Imperialismo”.
Estamos aplaudiendo a Ramón Carrillo, un héroe civil en la República Argentina, como esos héroes que fueron capaces de cambiar la Patria, ese es el tono que yo quiero tomar.
Y ustedes deben saberlo, pero yo tengo urgente necesidad de volverle a contar de esa frase memorable que casi todos ustedes conocen y que dice: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, a la angustia, al infortunio social de los pueblos, los microbios como causa de enfermedad son unas pobres causas”, palabras de Ramón Carrillo.
Nosotros, los médicos vemos esto mirando a los remedios, a los microbios, y en buena parte nos hemos olvidado que, debajo de esos lugares donde ellos habitaban, estaba la tristeza, la pobreza, aquello que Heidegger llamaba “el ser ahí”. ¿Y saben qué quería decir Heidegger con esto?. Alguno de los que se encuentra en la sala debe decir: “Cómo esté jodido puede estar hablando de Heidegger, que fue rector de la Universidad del Fhürer?”. Sí, pero fue el filosofo más inmenso de toda la civilización, más que Aristóteles, más que Platón. ¿Saben por qué decía así?. Tiene que ver con esto del “ser ahí”, el ser metido adentro, eyectado en la tierra, eyectado al medio. Y en esa eyección al medio, el hombre no son los microbios, el hombre es la sociedad, y quién mejor que alguien como Perón, como Carrillo, fue capaz de darse cuenta que ahí estaba la cosa fundamental, y esa fue la gran interpretación de Ramón Carrillo, la gran interpretación que había de llevarlo a la salud.
Y escuchen estas fechas, que son memorables para todos nosotros. El 7 de marzo del 2006 se cumplieron cien años del nacimiento de Ramón Carrillo, y del 29 de mayo de 1946 son 60 años del nombramiento como secretario de Salud de la Nación, y en 1949... hace 57 años que fue el primer Ministro de Salud de la República Argentina. Y el 20 de marzo de 1956 muere este héroe civil, este formidable argentino, este inmenso ser humano.
Queridos hermanos, queridos muchachos, queridos compañeros, tenía 50 años de edad. Ustedes se imaginan construir semejante historia y apenitas estaba comenzando a ser adulto, esta es la inmensidad de Ramón. ¿Cuál es el legado, qué tenemos que recoger de él?. Primero recuerden estas cifras, son pocas, las que les voy a contar, pero estas les van a dar una dimensión de la grandeza de la obra de este formidable luchador argentino. Creó 230 hospitales, casi todos los que el país tiene los creó él, en cinco años, muchachas y muchachos, 50 institutos médicos especializados de alta tecnología y de alta atención de la salud, 3.000 dispensarios y salas de atención primaria de la salud, dos fábricas de alta tecnología sanitaria. Después de que se dió cuenta que el Imperialismo le había vendido chatarra, salió como loco a construir la perspectiva nacional en salud y ahí creó auténticamente estas dos fábricas de alta tecnología comunitaria.
En 1946 el país tenía 66.000 camas entre hospitales y sanatorios, ahí entra él en juego. En 1951 tiene el país 114.600 camas. En 1954, 7 años después, el país tiene 134.000 camas. Duplicó en 7 años todas las camas que el país había hecho en todos los tiempos anteriores. Esto era la construcción.
Pero gran parte de los enemigos, cuando uno habla de esto, creen que ahí termina la cosa de Carrillo y entonces dicen: “Y bueno, tenían suerte, tenían dinero. Los pasillos del Banco Central estaban llenos de oro, decían, estaba Perón en el Gobierno, de manera que era fácil hacer esto”. No, no era tan fácil de todas formas.
Porque Carrillo tenía ideas y era capaz de solventar fundamentalmente, no solamente el ámbito del constructor, sino también el ámbito del creador. Y ahí está la razón fundamental de mi búsqueda, al sentir en él a uno de los más inmensos argentinos de todos los tiempos.
No me olvido de Arturo Oñativia, porque también Arturo Oñativia peleó contra el Imperio, en aquello que fue la Ley Nacional de Medicamentos. Tampoco me olvido tanto, aunque tengo ciertas restricciones de Héctor Noblia, porque fue el que introdujo la educación sanitaria en la República Argentina, y sobre todo con su colegio secundario haciendo todo lo posible para que los muchachos desde el comienzo supieran lo que era la salud, pero tenía demasiados sesgos del imperialismo atrás de él. Y yo, como Carrillo, miraba y sigo mirando el Imperialismo como el enemigo de la Patria. ¿Me entendieron?.
¿Y cuál es el legado? Ahora comienza un razonamiento del mismo tono, de la misma fuerza, de la misma calidad, de la misma verdad, el legado es que Carrillo, exactamente como los grandes hombres, conjugaba un solo verbo: el de la verdad, y lo conjugó toda su vida. Cuando se dió cuenta que no convenía determinada postura frente a la Iglesia, fue y se lo dijo a Perón, ese fue el instante que aprovechó... iba a decir una mala palabra, pero digamos un Almirante, que es lo mismo, sí, señores, es lo mismo, porque esos almirantes son parte de los 30.000 desaparecidos en nuestra República. Esa es la historia que no quiero repetir. Ese Almirante fue el que hizo todo lo posible para que Ramón se fuera del gobierno, pero Ramón no necesitó que lo echaran, sabía que había llegado su tiempo.
¿Dónde está el legado de él?. El legado de él está en que se dió cuenta como nadie que él había dirigido una fuerza, pero abajo había una cosa que bullía, nueva, que irrumpía en la historia argentina, aquéllo que Scalabrini llamó el subsuelo de la Patria, era el Pueblo, la multitud, diría hoy Barros Espinosa. La multitud que venía en ese 17 de octubre de 1945, muchachas, muchachos, yo también lo viví, por eso soy capaz de decir que me estremece el corazón pensando que en ese 17 de octubre de 1945 estaba naciendo, no solamente un movimiento, sino también un héroe civil que iba a interpretar a ese movimiento. Y esa es la cosa, ese también es el legado. Carrillo como nadie se dió cuenta que él era el ejecutor, pero que no era el inspirador de todo esto. Eran los trabajadores que estaban abajo y que venían pujando por una Patria Libre, Justa y Soberana, vinieron como tenían que venir, arrasando con todo lo que había que arrasar.
Yo vi venir en la calle 1 y 49, en la misma esquina donde años después lo conocería a Carrillo, vi venir una multitud que venía por la calle 1. Venían trabajadores y en el medio de ellos uno que luego fue muy conocido, se llamaba Cipriano Reyes, venía con toda la multitud de los trabajadores del frigorífico, un muchacho joven, con el mameluco de los trabajadores, y dijo que era el secretario de YPF en Ensenada, tenía 19 años.
Y venían gritando: Perón, Perón, Perón. No sabía que me sumaba y me sumé, y seguimos por la calle 1 y cuando llegamos a la calle 47 se dobla la multitud y se van a meter a un lugar. Allí entran en la Quilmes, que era la expresión del Imperio Europeo, era de los Bemberg, se llevaron todas las botellas que había que llevarse, incluso algunos barriles.
Y yo seguí con ellos, bendito sea el Dios que me iluminó y terminé, no con las patas en la fuente, sino gritando como un descosido. Habían nacido en nosotros muchas de las cosas serias que el país fue capaz de construir después.
El se dió cuenta que estaba empujado por una cosa nueva y esa cosa nueva los lleva a la construcción, y los llevaba a pensar que nadie por si sólo es capaz de construir una Revolución, para hacer una Revolución Sanitaria como él la hizo. En mis libros sigo diciendo que fue una Revolución de capacidad instalada más importante del mundo, la que hizo Carrillo fue posible porque abajo había un Pueblo que venía caminando. Y ese Pueblo que venía caminando, empujando, que era el subsuelo de la Patria, lo acompañó permanentemente. Claro, después viene la muerte de Eva y después el bajón. Tendría muchas ganas de contarle del bajón, pero deje que les cuente una sola. Un 1974 vamos a la Plaza como siempre y allí nos llaman imberbes, etc. y nos fuimos, y me fui caminando lentamente. Cuando llego a la altura de la Pirámide de Mayo me doy vuelta y veo que la Plaza había quedado vacía. Lloré, porque sentí que el General había perdido todo.
Este es el mensaje que quería transmitirles, pero quería decirles algo más: Carrillo tuvo la integridad de percibir que esa decadencia no lo tenía que tomar y no lo tomó, pero además se había muerto Eva. Es decir, ya no estaba Eva, la salvadora, se había muerto de una cosa que hoy quiero rememorar, se había muerto de un cáncer de útero, que comenzó siendo un cáncer de cuello de útero. Hoy las mujeres jóvenes tienen solución, ninguna debe tener un cáncer de cuello de útero porque hay ya una vacuna para ello.
¿Por qué traigo esto acá? Porque en este mismo momento se está discutiendo en nuestro país el precio que le van a poner a la vacuna, les estoy contando una primicia. Se está discutiendo en este momento. Van a ser tres dosis. El precio de cada una es de 250/ 260 dólares cada dosis. Saquen la cuenta, para una sola muchacha son casi 1.000 dólares.
Hace quince días un ministro de una gran provincia dijo: “Vamos a necesitar un millón de dosis, porque hay un millón de muchachas que hay que vacunar en nuestro país”. A 1.000 dólares cada una saquen la cuenta lo que significa. En este momento se discute el precio. Los gringos se han dado cuenta que no pueden venir a cobrar el precio que ellos quieren, están diciéndonos que tal vez nos cobren 150 dólares cada dosis. Alguien que tiene que representar al país dice flojamente que debería cobrar 120. ¿Saben cuánto cuesta esa vacuna cuando sale del laboratorio?. Cuesta 48 dólares. ¿Escuchan el ruido que hace la mentira?. O todavía no lo escuchan?. Este es el ruido que el Imperialismo trata de producir aún en el silencio. Quiero invocar el silencio de Carrillo frente a este estropicio que ha sufrido nuestro país, porque no hay “ bolas” para enfrentarse con el imperialismo.
Todo el sistema de salud de la República se derrumba, se derrumban los hospitales públicos, las Obras Sociales, se derrumban también las prepagas que Dios las tenga en la gloria porque no son preferibles, pero se derrumban. El presupuesto del 2005 representa aproximadamente el 8% del Producto Bruto Nacional, ese 8% representa auténticamente algo así como el 15, el 20 y el 30% menos de los presupuestos anteriores, significa unos 250 dólares per cápita. Antes de que llegara Cavallo, cada ciudadano tenía 650 dólares para defender su salud, ¿ven la diferencia que hay entre ambas? Estas cosas que hay de diferencia es el robo, la misma diferencia es la dependencia, son los vendepatria que están entregando el país.

24.8.09

Discurso Inaugural de las Jornadas “Ramón Carrillo”

Salón Dorado de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
10 de Noviembre de 2006

Miguel Talento

I. El legado del primer peronismo. Carrillo y el derecho a la salud.
El inicio de estas Jornadas puede ser planteado desde una pregunta de carácter general: ¿Qué representa para nuestra Argentina y para nuestra Ciudad actuales, una figura como la del doctor Ramón Carrillo? Intentando responderla, también en términos generales, podemos sostener que el pensamiento y la obra de Carrillo nos hablan hoy, como nos habla la época histórica y política que él protagonizó, de un conjunto de valores y principios rectores de la acción política que, actualizados, son capaces de orientar nuestras posiciones actuales. A 60 años del gobierno del cual él formara parte como máximo responsable de la cartera de salud, tenemos ante nosotros el legado de la extensión de la ciudadanía política y social, de la incorporación de los sectores desposeídos y excluidos a un sistema de derechos, y centralmente, de un proceso político que colocó por primera vez al Estado Argentino en una posición rectora del crecimiento económico, dirigiéndolo al servicio del interés de las mayorías. Ese rico legado nos habla hoy, nos interpela, y nos invita a resignificarlo a la luz de nuestra realidad, para nutrirnos de sus valores, de su identidad y actualizar su programa político.
Carrillo fue una de las figuras trascendentes de ese Programa Nacional, fue quien concibió, delineó y ejecutó su capítulo relativo a la política de salud, la que no podemos comprender sin entenderla, como hemos dicho, en ese marco global del proceso de transformación política, social y económica, iniciado en 1946. En sus propias palabras, el programa impulsado desde el poder político consistía en la implantación del derecho a la salud y en su extensión a toda la sociedad: "El derecho a la salud es uno de los más olvidados, y sin embargo es el más trascendente porque se vincula con la dignidad de la persona [...], con la vida colectiva, con la economía nacional e internacional. No es aventurado afirmar que la salud de los pueblos es una condición fundamental para lograr su seguridad social y su paz."
Tomar a Carrillo como estandarte procura, hoy, actualizar en nuestra Ciudad y en nuestro país esa lucha histórica por ampliar la ciudadanía; por extender los derechos sociales a todos los sectores, haciendo foco en aquellos más desprotegidos; por incorporar al pleno ejercicio de los derechos a la salud, a la educación y a la justicia, a quienes a 60 años de aquel movimiento fundacional, no tienen todavía acceso efectivo a los mismos.
El siglo XX ha sido el siglo de la lucha por dotar a los pueblos de una ciudadanía completa y plena que integrara aquellas dimensiones de las cuales carecía, trascendiendo la meramente electoral, toda vez que esa ciudadanía integral había sido limitada por el desarrollo violento y vertiginoso del capitalismo decimonónico. Más allá del mercado, de las interacciones libres entre individuos formal y jurídicamente “iguales”, los derechos fundamentales debían – y deben- garantizarse políticamente, a través de la intervención del sector público. Es sorprendente que aún hoy debamos dar el debate sobre temas que ya en el mismo siglo XIX comenzaban a estar claros. El mercado no garantizaba –ni garantiza- la salud a toda la población. Una sociedad concebida bajo el modelo liberal, que postula como ejes de la organización colectiva a las nociones de “cliente” y “contratante”, es incapaz de integrar en el largo plazo al conjunto social, generando conflictos, injusticias y aberraciones de todo tipo, tales como impedir el acceso a los bienes y servicios básicos a las mayorías sociales.
El “derecho ciudadano” se ha enfrentado históricamente a la dimensión del “individuo cliente” en el mercado. La ampliación de la esfera de la “ciudadanía” ha traído aparejada, ineluctablemente, la restricción política de la esfera privada, de la posición de los individuos como “clientes” y viceversa. Ha sido y es tarea del Estado garantizar políticamente este proceso, y por supuesto su retracción o abandono de su rol central, provoca efectos devastadores, tal como ha ocurrido recientemente en la década de predomino neoliberal de los años ’90. Los derechos ciudadanos, para no ser meras declamaciones o cláusulas abstractas, deben desarrollar concomitantemente adecuadas y eficientes políticas públicas que los vuelvan operativos y concretos.
Carrillo es el faro orientador, para nuestra cultura política nacional, de este proceso de ampliación de la ciudadanía -en el capítulo del derecho a la salud- iniciado en 1946, trunco, y que hoy procuramos retomar.

II. Carrillo como modelo militante, como profesional comprometido y como funcionario público.
Un hombre joven, talentoso, que se recibe de médico a los 22 años y consigue proseguir su formación en Europa, becado por sus altas calificaciones, que asiste a centros universitarios en Alemania, Holanda y Francia, vuelve a un país en que - en plena década del ’30 - está todo por hacerse en materia de salud. En un contexto sociopolítico marcado por la restricción de los derechos básicos de la ciudadanía, en el cual el voto era manipulado por la oligarquía dominante, la salud estaba caracterizada por una fuerte desorganización: falta de insumos, de infraestructura y de camas, de equipamientos y de personal capacitado.
El compromiso social de Carrillo se inscribe en el modelo del profesional militante y vinculado con la realidad de su sociedad, ofreciéndonos la contra cara del profesional liberal, que en el seno de una cultura individualista, se apropia del conocimiento instrumentalmente, como una herramienta exclusiva para su progreso personal, como una escalera a su ascenso social. Por el contrario, este compromiso con lo público, con la justicia social, con la ampliación de la ciudadanía a los sectores populares, se plasmó a partir de 1945 en su opción por el peronismo y, luego de 1946 ya como funcionario, en la implementación de una política modernizadora de la que rescatamos, sólo a modo de ejemplo, los siguientes ejes de una vigencia asombrosa:
· Carrillo impulsó la creación de una Cátedra de Arquitectura Hospitalaria, que dotó al país de especialistas en la materia y que constituyó una herramienta importante en la construcción de hospitales en todo el país.
· Implementó los principios de “centralización normativa y descentralización ejecutiva”, buscando articular y garantizar, al mismo tiempo, la universalidad de la atención sanitaria con las capacidades locales para dar respuesta a los problemas específicos presentes en cada región del país. Como ejemplo de esta concepción, podemos mencionar la campaña nacional de lucha contra el paludismo, que establecida como política de estado, tuvo un éxito rotundo en gran medida gracias a este modelo descentralizado de actuación y cuya efectividad marcó un hito a nivel mundial en la lucha contra enfermedades endémicas.
Creó la primera fábrica nacional de producción pública de medicamentos (EMESTA) y además, apoyó el desarrollo de laboratorios nacionales mediante incentivos económicos.
· En cuanto a salud mental, afirmó que los conceptos de asilo y hospicio debían desaparecer por ser totalmente anacrónicos, impulsando otras formas de asistencia más modernas y en sintonía con una concepción humanista y con los adelantos de la ciencia médica, tales como la atención de enfermos mentales en los hospitales generales.
Tres planos, entonces, de su vida profesional y de su paso por la función pública nos resultan de una vigorosa actualidad. Primero, su inscripción vital en la sociedad de la que formaba parte y en sus luchas políticas: un profesional comprometido, militante, conciente de su época y sus necesidades. Segundo, su carácter de cuadro, capaz de diseñar una política pública en su área, modernizante y progresista, en el marco de un movimiento político de masas. Tercero, su concepción del Estado como el espacio de articulación central de los derechos ciudadanos, en este caso a la salud pública, y como ordenador de la sociedad civil.
Procuraremos desarrollar estos temas como lineamientos generales de una política de salud para nuestra Ciudad de Buenos Aires actual.

III. Desde el legado de Carrillo por una política de salud activa. Estado y ampliación de la ciudadanía en la Ciudad de Buenos Aires.
Ramón Carrillo nos sirve hoy para observar su metodología, sus miradas, las maneras de crear diagnósticos en la medida en que nuestra sociedad plantea hoy nuevos desafíos. Se necesitan hombres con sus cualidades para emprender Políticas de Salud Integrales en el seno de una sociedad fragmentada, con características y necesidades que van mutando y en la cual la polarización social alcanza niveles que nos avergüenzan y al mismo tiempo nos interpelan.
Nutriéndonos entonces de los valores y principios orientadores que hemos caracterizado en la obra de Carrillo, y del primer peronismo en términos generales, procuraremos señalar un conjunto de tópicos que pueden pensarse como vertebrales a una política de salud para la Ciudad, cuyas normas de orden general consisten en la ampliación de la ciudadanía –por medio de la universalización efectiva del derecho a la salud- y en la articulación política, por medio del poder del Estado, de los sectores público y privado en función de tal objetivo.
En primer lugar, señalamos la necesidad de avanzar en la ampliación de la atención primaria de la salud, lo cual implica, al decir de Carrillo, reconocer que "la medicina moderna tiende a ocuparse de la salud y de los sanos y el objetivo principal es, ya no curar al enfermo, sino evitar que lo esté". Este objetivo está vinculado con el fortalecimiento de las áreas programáticas de los hospitales de la Ciudad, desde una concepción que entienda la necesidad de hacer concretas la extensión de la información preventiva, de la formación ciudadana en salud, a partir de una mayor imbricación con la comunidad a través de las organizaciones de la sociedad civil. La sociedad debe apropiarse del sistema de salud, interactuar con él y enriquecerlo a partir de la participación. Tenemos un ejemplo de este tema en el Programa de Promotores de Salud, que necesitamos profundizar y fortalecer para que cumpla los objetivos para los cuales fue creado.
Esta cuestión está vinculada con un problema más general que es conocido como el problema de la accesibilidad al sistema de salud. Planteamos, en este sentido, la necesidad de generar un sistema más cercano a la sociedad, más articulado, más comprensible y más activo en términos de su localización e inserción en la vida cotidiana de los vecinos. Es posible conseguir este objetivo por diversas vías, inclusive mediante el fortalecimiento y generalización de programas ya existentes tales como “Buenos Aires te cuida”. Por otro lado, estamos por la necesidad de formular un nuevo Plan de Salud Escolar que instale, articuladamente con el sistema educativo, la prevención y la información básica en salud desde las tempranas edades, en las escuelas. Finalmente, pensamos que es necesaria una implementación más decidida de la informatización y puesta en red de la información hospitalaria, a través de la creación de un Banco de Datos Unificado -sobre el que esta Legislatura ha brindado el marco legal- que permita el acceso al sistema de manera más ágil y sencilla para los ciudadanos usuarios.
En tercer lugar, pensamos que es absolutamente central que el Estado desarrolle fuertemente su rol de arbitraje y regulación en el mercado de medicamentos. Como hemos planteado antes, la delimitación que traza las fronteras entre el carácter de “mercancía” y el carácter de “bien público” de los diversos bienes y servicios en nuestras sociedades, es una delimitación siempre de naturaleza política. Estamos, por lo tanto, por una decidida iniciativa del Estado orientada por el principio de la ampliación de la esfera de los “derechos”, y la incorporación, al plano de la salud, de “ciudadanos” dotados de instrumentos para emanciparse del mercado, emancipación que constituye un objetivo político central. La cuestión de la provisión de medicamentos para la atención de cierto tipo de enfermedades se encuentra en el centro de este problema político e ideológico. Estamos, en este sentido, definitivamente militando entre quienes sostienen la necesidad de que el Estado asuma un adecuado programa de producción pública de estos medicamentos, tal como por ejemplo es política consolidada en nuestra hermana república del Brasil. Entendemos que la decisión política de limitar la lógica del mercado, y de la lógica de la relación “laboratorio – cliente”, en medicamentos como los vinculados al tratamiento del SIDA, puede ser encarada con alta legitimidad política en la Ciudad de Buenos Aires. La política de Carrillo tiene también mucho que enseñarnos en este plano, parece mentira, desde sus ya 60 años de distancia histórica.
En cuarto lugar, estamos por una política más enérgica en lo relativo al cumplimiento de la ley 448 de Salud Mental (CABA), pronunciándonos por la desmanicomialización, y la instalación de camas en los Hospitales Generales de Agudos para el tratamiento y atención de los pacientes. Defendemos una concepción de la Salud Mental que descree de los tratos de carácter carcelario, basados en el encierro y aislamiento de aquellos pacientes en condiciones de recibir, de acuerdo con los profesionales competentes, tratamientos más humanos y abiertos.
Finalmente, en quinto lugar, consideramos que el diseño de una política de salud universalista e inclusiva, debe ser impulsado a partir de considerar la especificidad regional en que se desarrolla nuestra Ciudad. La Región Metropolitana es, a estas alturas, un dato insoslayable que repercute en temas tan variados como el trasporte, la seguridad pública, la educación y por supuesto, la salud. El fenómeno creciente de la migración de pacientes que buscan cobijo en los sobrecargados hospitales de la Ciudad, nos muestra un trasfondo de pobreza, desigualdad e incapacidad del sector público por articular un servicio que contrarreste –en lugar de retroalimentar- estos problemas. Abogamos por un servicio de salud que integre la región metropolitana, que iguale oportunidades y homogenice prestaciones, lo cual implica indudablemente la articulación de los gobiernos de la Ciudad, de la Provincia de Buenos Aires y de las intendencias del conurbano, para el diseño de políticas conjuntas en el área.
Estamos, en definitiva, por la construcción de una política de Estado en Salud, la que requiere de mirada estratégica y de la articulación de un conjunto de medidas que nuestra Ciudad tiene a su alcance. Tal como el legado de Ramón Carrillo nos lo enseña, decisión política, compromiso militante y una concepción que coloque al Estado como la instancia de expansión de la ciudadanía y de delimitación de aquellos derechos, a partir de los cuales, la mercantilización de la vida humana no se extienda hasta poner en peligro su dignidad y su naturaleza: ni más ni menos la lucha histórica que, atravesando los últimos 200 años de historia, llega hasta nuestros días, y frente a la cual hombres como Carrillo no fueron neutrales.