24.8.09

Discurso Inaugural de las Jornadas “Ramón Carrillo”

Salón Dorado de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
10 de Noviembre de 2006

Miguel Talento

I. El legado del primer peronismo. Carrillo y el derecho a la salud.
El inicio de estas Jornadas puede ser planteado desde una pregunta de carácter general: ¿Qué representa para nuestra Argentina y para nuestra Ciudad actuales, una figura como la del doctor Ramón Carrillo? Intentando responderla, también en términos generales, podemos sostener que el pensamiento y la obra de Carrillo nos hablan hoy, como nos habla la época histórica y política que él protagonizó, de un conjunto de valores y principios rectores de la acción política que, actualizados, son capaces de orientar nuestras posiciones actuales. A 60 años del gobierno del cual él formara parte como máximo responsable de la cartera de salud, tenemos ante nosotros el legado de la extensión de la ciudadanía política y social, de la incorporación de los sectores desposeídos y excluidos a un sistema de derechos, y centralmente, de un proceso político que colocó por primera vez al Estado Argentino en una posición rectora del crecimiento económico, dirigiéndolo al servicio del interés de las mayorías. Ese rico legado nos habla hoy, nos interpela, y nos invita a resignificarlo a la luz de nuestra realidad, para nutrirnos de sus valores, de su identidad y actualizar su programa político.
Carrillo fue una de las figuras trascendentes de ese Programa Nacional, fue quien concibió, delineó y ejecutó su capítulo relativo a la política de salud, la que no podemos comprender sin entenderla, como hemos dicho, en ese marco global del proceso de transformación política, social y económica, iniciado en 1946. En sus propias palabras, el programa impulsado desde el poder político consistía en la implantación del derecho a la salud y en su extensión a toda la sociedad: "El derecho a la salud es uno de los más olvidados, y sin embargo es el más trascendente porque se vincula con la dignidad de la persona [...], con la vida colectiva, con la economía nacional e internacional. No es aventurado afirmar que la salud de los pueblos es una condición fundamental para lograr su seguridad social y su paz."
Tomar a Carrillo como estandarte procura, hoy, actualizar en nuestra Ciudad y en nuestro país esa lucha histórica por ampliar la ciudadanía; por extender los derechos sociales a todos los sectores, haciendo foco en aquellos más desprotegidos; por incorporar al pleno ejercicio de los derechos a la salud, a la educación y a la justicia, a quienes a 60 años de aquel movimiento fundacional, no tienen todavía acceso efectivo a los mismos.
El siglo XX ha sido el siglo de la lucha por dotar a los pueblos de una ciudadanía completa y plena que integrara aquellas dimensiones de las cuales carecía, trascendiendo la meramente electoral, toda vez que esa ciudadanía integral había sido limitada por el desarrollo violento y vertiginoso del capitalismo decimonónico. Más allá del mercado, de las interacciones libres entre individuos formal y jurídicamente “iguales”, los derechos fundamentales debían – y deben- garantizarse políticamente, a través de la intervención del sector público. Es sorprendente que aún hoy debamos dar el debate sobre temas que ya en el mismo siglo XIX comenzaban a estar claros. El mercado no garantizaba –ni garantiza- la salud a toda la población. Una sociedad concebida bajo el modelo liberal, que postula como ejes de la organización colectiva a las nociones de “cliente” y “contratante”, es incapaz de integrar en el largo plazo al conjunto social, generando conflictos, injusticias y aberraciones de todo tipo, tales como impedir el acceso a los bienes y servicios básicos a las mayorías sociales.
El “derecho ciudadano” se ha enfrentado históricamente a la dimensión del “individuo cliente” en el mercado. La ampliación de la esfera de la “ciudadanía” ha traído aparejada, ineluctablemente, la restricción política de la esfera privada, de la posición de los individuos como “clientes” y viceversa. Ha sido y es tarea del Estado garantizar políticamente este proceso, y por supuesto su retracción o abandono de su rol central, provoca efectos devastadores, tal como ha ocurrido recientemente en la década de predomino neoliberal de los años ’90. Los derechos ciudadanos, para no ser meras declamaciones o cláusulas abstractas, deben desarrollar concomitantemente adecuadas y eficientes políticas públicas que los vuelvan operativos y concretos.
Carrillo es el faro orientador, para nuestra cultura política nacional, de este proceso de ampliación de la ciudadanía -en el capítulo del derecho a la salud- iniciado en 1946, trunco, y que hoy procuramos retomar.

II. Carrillo como modelo militante, como profesional comprometido y como funcionario público.
Un hombre joven, talentoso, que se recibe de médico a los 22 años y consigue proseguir su formación en Europa, becado por sus altas calificaciones, que asiste a centros universitarios en Alemania, Holanda y Francia, vuelve a un país en que - en plena década del ’30 - está todo por hacerse en materia de salud. En un contexto sociopolítico marcado por la restricción de los derechos básicos de la ciudadanía, en el cual el voto era manipulado por la oligarquía dominante, la salud estaba caracterizada por una fuerte desorganización: falta de insumos, de infraestructura y de camas, de equipamientos y de personal capacitado.
El compromiso social de Carrillo se inscribe en el modelo del profesional militante y vinculado con la realidad de su sociedad, ofreciéndonos la contra cara del profesional liberal, que en el seno de una cultura individualista, se apropia del conocimiento instrumentalmente, como una herramienta exclusiva para su progreso personal, como una escalera a su ascenso social. Por el contrario, este compromiso con lo público, con la justicia social, con la ampliación de la ciudadanía a los sectores populares, se plasmó a partir de 1945 en su opción por el peronismo y, luego de 1946 ya como funcionario, en la implementación de una política modernizadora de la que rescatamos, sólo a modo de ejemplo, los siguientes ejes de una vigencia asombrosa:
· Carrillo impulsó la creación de una Cátedra de Arquitectura Hospitalaria, que dotó al país de especialistas en la materia y que constituyó una herramienta importante en la construcción de hospitales en todo el país.
· Implementó los principios de “centralización normativa y descentralización ejecutiva”, buscando articular y garantizar, al mismo tiempo, la universalidad de la atención sanitaria con las capacidades locales para dar respuesta a los problemas específicos presentes en cada región del país. Como ejemplo de esta concepción, podemos mencionar la campaña nacional de lucha contra el paludismo, que establecida como política de estado, tuvo un éxito rotundo en gran medida gracias a este modelo descentralizado de actuación y cuya efectividad marcó un hito a nivel mundial en la lucha contra enfermedades endémicas.
Creó la primera fábrica nacional de producción pública de medicamentos (EMESTA) y además, apoyó el desarrollo de laboratorios nacionales mediante incentivos económicos.
· En cuanto a salud mental, afirmó que los conceptos de asilo y hospicio debían desaparecer por ser totalmente anacrónicos, impulsando otras formas de asistencia más modernas y en sintonía con una concepción humanista y con los adelantos de la ciencia médica, tales como la atención de enfermos mentales en los hospitales generales.
Tres planos, entonces, de su vida profesional y de su paso por la función pública nos resultan de una vigorosa actualidad. Primero, su inscripción vital en la sociedad de la que formaba parte y en sus luchas políticas: un profesional comprometido, militante, conciente de su época y sus necesidades. Segundo, su carácter de cuadro, capaz de diseñar una política pública en su área, modernizante y progresista, en el marco de un movimiento político de masas. Tercero, su concepción del Estado como el espacio de articulación central de los derechos ciudadanos, en este caso a la salud pública, y como ordenador de la sociedad civil.
Procuraremos desarrollar estos temas como lineamientos generales de una política de salud para nuestra Ciudad de Buenos Aires actual.

III. Desde el legado de Carrillo por una política de salud activa. Estado y ampliación de la ciudadanía en la Ciudad de Buenos Aires.
Ramón Carrillo nos sirve hoy para observar su metodología, sus miradas, las maneras de crear diagnósticos en la medida en que nuestra sociedad plantea hoy nuevos desafíos. Se necesitan hombres con sus cualidades para emprender Políticas de Salud Integrales en el seno de una sociedad fragmentada, con características y necesidades que van mutando y en la cual la polarización social alcanza niveles que nos avergüenzan y al mismo tiempo nos interpelan.
Nutriéndonos entonces de los valores y principios orientadores que hemos caracterizado en la obra de Carrillo, y del primer peronismo en términos generales, procuraremos señalar un conjunto de tópicos que pueden pensarse como vertebrales a una política de salud para la Ciudad, cuyas normas de orden general consisten en la ampliación de la ciudadanía –por medio de la universalización efectiva del derecho a la salud- y en la articulación política, por medio del poder del Estado, de los sectores público y privado en función de tal objetivo.
En primer lugar, señalamos la necesidad de avanzar en la ampliación de la atención primaria de la salud, lo cual implica, al decir de Carrillo, reconocer que "la medicina moderna tiende a ocuparse de la salud y de los sanos y el objetivo principal es, ya no curar al enfermo, sino evitar que lo esté". Este objetivo está vinculado con el fortalecimiento de las áreas programáticas de los hospitales de la Ciudad, desde una concepción que entienda la necesidad de hacer concretas la extensión de la información preventiva, de la formación ciudadana en salud, a partir de una mayor imbricación con la comunidad a través de las organizaciones de la sociedad civil. La sociedad debe apropiarse del sistema de salud, interactuar con él y enriquecerlo a partir de la participación. Tenemos un ejemplo de este tema en el Programa de Promotores de Salud, que necesitamos profundizar y fortalecer para que cumpla los objetivos para los cuales fue creado.
Esta cuestión está vinculada con un problema más general que es conocido como el problema de la accesibilidad al sistema de salud. Planteamos, en este sentido, la necesidad de generar un sistema más cercano a la sociedad, más articulado, más comprensible y más activo en términos de su localización e inserción en la vida cotidiana de los vecinos. Es posible conseguir este objetivo por diversas vías, inclusive mediante el fortalecimiento y generalización de programas ya existentes tales como “Buenos Aires te cuida”. Por otro lado, estamos por la necesidad de formular un nuevo Plan de Salud Escolar que instale, articuladamente con el sistema educativo, la prevención y la información básica en salud desde las tempranas edades, en las escuelas. Finalmente, pensamos que es necesaria una implementación más decidida de la informatización y puesta en red de la información hospitalaria, a través de la creación de un Banco de Datos Unificado -sobre el que esta Legislatura ha brindado el marco legal- que permita el acceso al sistema de manera más ágil y sencilla para los ciudadanos usuarios.
En tercer lugar, pensamos que es absolutamente central que el Estado desarrolle fuertemente su rol de arbitraje y regulación en el mercado de medicamentos. Como hemos planteado antes, la delimitación que traza las fronteras entre el carácter de “mercancía” y el carácter de “bien público” de los diversos bienes y servicios en nuestras sociedades, es una delimitación siempre de naturaleza política. Estamos, por lo tanto, por una decidida iniciativa del Estado orientada por el principio de la ampliación de la esfera de los “derechos”, y la incorporación, al plano de la salud, de “ciudadanos” dotados de instrumentos para emanciparse del mercado, emancipación que constituye un objetivo político central. La cuestión de la provisión de medicamentos para la atención de cierto tipo de enfermedades se encuentra en el centro de este problema político e ideológico. Estamos, en este sentido, definitivamente militando entre quienes sostienen la necesidad de que el Estado asuma un adecuado programa de producción pública de estos medicamentos, tal como por ejemplo es política consolidada en nuestra hermana república del Brasil. Entendemos que la decisión política de limitar la lógica del mercado, y de la lógica de la relación “laboratorio – cliente”, en medicamentos como los vinculados al tratamiento del SIDA, puede ser encarada con alta legitimidad política en la Ciudad de Buenos Aires. La política de Carrillo tiene también mucho que enseñarnos en este plano, parece mentira, desde sus ya 60 años de distancia histórica.
En cuarto lugar, estamos por una política más enérgica en lo relativo al cumplimiento de la ley 448 de Salud Mental (CABA), pronunciándonos por la desmanicomialización, y la instalación de camas en los Hospitales Generales de Agudos para el tratamiento y atención de los pacientes. Defendemos una concepción de la Salud Mental que descree de los tratos de carácter carcelario, basados en el encierro y aislamiento de aquellos pacientes en condiciones de recibir, de acuerdo con los profesionales competentes, tratamientos más humanos y abiertos.
Finalmente, en quinto lugar, consideramos que el diseño de una política de salud universalista e inclusiva, debe ser impulsado a partir de considerar la especificidad regional en que se desarrolla nuestra Ciudad. La Región Metropolitana es, a estas alturas, un dato insoslayable que repercute en temas tan variados como el trasporte, la seguridad pública, la educación y por supuesto, la salud. El fenómeno creciente de la migración de pacientes que buscan cobijo en los sobrecargados hospitales de la Ciudad, nos muestra un trasfondo de pobreza, desigualdad e incapacidad del sector público por articular un servicio que contrarreste –en lugar de retroalimentar- estos problemas. Abogamos por un servicio de salud que integre la región metropolitana, que iguale oportunidades y homogenice prestaciones, lo cual implica indudablemente la articulación de los gobiernos de la Ciudad, de la Provincia de Buenos Aires y de las intendencias del conurbano, para el diseño de políticas conjuntas en el área.
Estamos, en definitiva, por la construcción de una política de Estado en Salud, la que requiere de mirada estratégica y de la articulación de un conjunto de medidas que nuestra Ciudad tiene a su alcance. Tal como el legado de Ramón Carrillo nos lo enseña, decisión política, compromiso militante y una concepción que coloque al Estado como la instancia de expansión de la ciudadanía y de delimitación de aquellos derechos, a partir de los cuales, la mercantilización de la vida humana no se extienda hasta poner en peligro su dignidad y su naturaleza: ni más ni menos la lucha histórica que, atravesando los últimos 200 años de historia, llega hasta nuestros días, y frente a la cual hombres como Carrillo no fueron neutrales.

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